{"id":5647,"date":"2018-04-27T08:11:27","date_gmt":"2018-04-27T11:11:27","guid":{"rendered":"http:\/\/dsrmedios.com.ar\/diario\/?p=5647"},"modified":"2018-04-27T09:48:00","modified_gmt":"2018-04-27T12:48:00","slug":"nota-periodistica-de-leandro-vesco-sobre-la-singular-historia-de-don-pablo-novack-a-sus-88-anos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/dsrmedios.com.ar\/diario\/archivos\/5647","title":{"rendered":"Nota period\u00edstica de Leandro Vesco sobre la singular historia de don pablo Novack a sus 88 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>El periodista e investigador Leandro Vesco realiz\u00f3 una extensa nota sobre don Pablo Novack el \u00faltimo habitante de Epecu\u00e9n. La misma ha sido una de las m\u00e1s le\u00eddas ayer en el prestigioso diario La Naci\u00f3n.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n reproducimos el trabajo period\u00edstico:<\/p>\n<p><strong>Especial para La Naci\u00f3n por: Leandro Vesco<\/strong><\/p>\n<p>Foto Cr\u00e9dito: Gabriel Ruberttone<\/p>\n<p>Pablo Novak vive de ausencias. El mundo y la vida que \u00e9l conoci\u00f3, desaparecieron. Es un sobreviviente del tsunami pampeano que sufri\u00f3 el sistema de Lagunas Encadenadas del Oeste en los ochenta, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Vive en un rancho sin luz en la entrada de lo que fue la Villa Tur\u00edstica Epecu\u00e9n .En 1985 el lago hom\u00f3nimo creci\u00f3 e inund\u00f3 casas y hoteles y en 16 d\u00edas alrededor de 1500 habitantes tuvieron que dejar sus viviendas con sus sue\u00f1os rotos. Pablo tiene 88 a\u00f1os y desde entonces se ha negado a irse de la ciudadela tur\u00edstica, hoy en ruinas. La memoria de este hombre es lo \u00fanico que queda intacto. &#8220;He decidido permanecer aqu\u00ed, por la querencia y porque ac\u00e1 hice mi vida&#8221;, sostiene.<\/p>\n<p>&#8220;Ahora tengo m\u00e1s comodidades que cuando era ni\u00f1o&#8221;, nos cuenta Pablo. Su casa es un conjunto de ladrillos que forman un rancho. Ruedas, un Rastrojero destartalado, el esqueleto de un tractor John Deere y toda clase de elementos agr\u00edcolas y de la vida cotidiana del siglo pasado est\u00e1n tirados alrededor de su casa, tapados por el pastizal, en una perfecta escenograf\u00eda del olvido. Vive sin luz, tiene una cocina econ\u00f3mica a le\u00f1a y enfr\u00eda con una heladera a gas.<\/p>\n<p><strong>Las Ruinas de Epecu\u00e9n, un pueblo fantasma<\/strong><\/p>\n<p>Una gallina se trepa a una bicicleta oxidada, su \u00fanico medio de transporte. &#8220;Nac\u00ed el 25 de febrero de 1930, tengo doce hermanos. En esos a\u00f1os a la Villa Epecu\u00e9n llegaba luz de 180Watts, era una luz roja que no alumbrada nada&#8221;. Hoy su farol a gas es un verdadero sol de noche. La radio a pilas lo conecta al mundo y un mont\u00f3n de diarios viejos son su literatura favorita.<\/p>\n<p>Sentado en un sof\u00e1 al que se le han escapado todos los remaches, rememora su pasado: &#8220;Inaugur\u00e9 la escuela en la Villa. Mam\u00e1 nos daba una lata y busc\u00e1bamos huevos del gallinero, que vend\u00edamos, cuando junt\u00e1bamos para una entrada al circo, ya nos pod\u00edamos dar por satisfechos. As\u00ed fue mi ni\u00f1ez. No hab\u00eda mucho dinero, pero jam\u00e1s nos falt\u00f3 comida&#8221;.<\/p>\n<p>Su madre, criolla, se llamaba Paulina Olsman y su padre, Onofre, naci\u00f3 en Odesa (Ucrania). Escapando del duro servicio militar, tard\u00f3 dos a\u00f1os en llegar a Argentina. &#8220;Viaj\u00f3 de poliz\u00f3n, jam\u00e1s tuvo documento de identidad&#8221;, sonr\u00ede Pablo. Su padre y \u00e9l fueron ladrilleros y gran parte de las casas de la Villa estaban hechas con ladrillos Novak.<\/p>\n<p>Con el correr de los a\u00f1os, Novak se ha transformado en una personalidad amada y discutida por aquellos que le niegan su &#8220;ciudadan\u00eda epecuense&#8221;. Entre estos \u00faltimos est\u00e1 la escritora Josefina Licitra, autora del libro &#8220;El agua mala&#8221;, en el que describe c\u00f3mo ex habitantes de Epecu\u00e9n cuestionan la historia de hombre, quien vive a doscientos metros de las ruinas y todos los d\u00edas las recorre con su bicicleta y sus perros.<\/p>\n<p>Villa Epecu\u00e9n, situada en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, en el Partido de Adolfo Alsina, se fund\u00f3 en 1921, a orillas del Lago Epecu\u00e9n. Sus aguas, que siempre tuvieron propiedades medicinales solo comparables a las del Mar Muerto, atrajeron a miles de personas que ven\u00edan a darse ba\u00f1os. En sus aguas se produce la flotaci\u00f3n natural, debido a su alto porcentaje de sal. Hay cr\u00f3nicas de la \u00e9poca que aseguran que personas que entraban con bastones, sal\u00edan caminando sin ellos y pronto la fama de este espejo de agua creci\u00f3.<\/p>\n<p>Fue considerada la &#8220;Mar del Plata chica&#8221; o el &#8220;Mar de Epecu\u00e9n&#8221;. 25.000 turistas la visitaban en los veranos. Pero la naturaleza fue siempre caprichosa con el r\u00e9gimen de aguas. Inmerso en un sistema endorreico, el lago Epecu\u00e9n es el \u00faltimo con una particularidad que le sell\u00f3 su suerte: el agua que entra no tiene salida. Fue as\u00ed que pas\u00f3 por \u00e9pocas de sequ\u00eda y en los ochenta, las lluvias abundantes que comenzaron a hinchar las lagunas, arroyos y canales clandestinos derivaron sus aguas hasta aqu\u00ed y pronto el Epecu\u00e9n recibi\u00f3 el excedente.<\/p>\n<p>Novak fue de los primeros alumnos de la escuela abierta en 1930 Novak fue de los primeros alumnos de la escuela abierta en 1930 Cr\u00e9dito: Gabriel Ruberttone<br \/>\nLa tragedia sucedi\u00f3 un 10 noviembre de 1985: el terrapl\u00e9n construido para soportar las hipersalinas aguas del lago cedi\u00f3 y la Villa Epecu\u00e9n qued\u00f3 bajo las aguas, sepultada para siempre. Pablo fue testigo de todo aquello. &#8220;En los ochenta ya lo ve\u00edamos venir. Pero ac\u00e1 nadie quer\u00eda saber nada con irse, de a poco el lago se fue metiendo en el pueblo&#8221;.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n de Hidr\u00e1ulica construy\u00f3 hacia 1978 un terrapl\u00e9n de casi cinco metros de altura con forma de herradura que permiti\u00f3 trabajar algunas temporadas, pero en 1985, a pocos d\u00edas de comenzar el verano, un mar de agua salada se trag\u00f3 el pueblo entero.<\/p>\n<p>&#8220;Los hoteles ten\u00edan comprada toda la mercader\u00eda para el verano, contratados los empleados y el agua entr\u00f3 una madrugada. No voy a olvidarme nunca del ruido del agua. A los pocos d\u00edas nos dijeron: &#8220;Junten lo que puedan, tenemos que abandonar el pueblo, Epecu\u00e9n va a desaparecer&#8221;, recuerda Novak.<\/p>\n<p>Novak camina entre las ruinas del pueblo Novak camina entre las ruinas del pueblo Cr\u00e9dito: Gabriel Ruberttone<br \/>\nEn 16 d\u00edas el agua lo cubri\u00f3 todo. Pablo junto a varios vecinos ayudaron a vaciar un pueblo para llevarlo a la vecina Carhu\u00e9, a 10 kil\u00f3metros de distancia. El lago hab\u00eda tapado los caminos, por lo que la \u00fanica v\u00eda para llevar a cabo la evacuaci\u00f3n era por el tren, hasta que las v\u00edas mismas quedaron anegadas y la suerte ya estaba echada: la Villa desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Epecu\u00e9n: del esplendor tur\u00edstico al destino posapocal\u00edptico<br \/>\n&#8220;Todas las familias se fueron y de a poco me fui quedando solo&#8221;, relata Pablo. El agua tard\u00f3 m\u00e1s de una d\u00e9cada en bajar un poco y hoy parte de la Villa se puede transitar. El agua salada ti\u00f1\u00f3 las ruinas de blanco. Es un espect\u00e1culo fantasmal, y dentro de \u00e9l, Pablo es el \u00fanico humano que deambula todas las tardes, confundi\u00e9ndose con las sombras.<\/p>\n<p>En la soledad Pablo ha hallado la forma de conservar su vida inmune al tiempo. Tambi\u00e9n tiene un escudo casero para el fr\u00edo. &#8220;Ahora que viene el invierno tengo algunos remedios: disuelvo un cuarto kilo de miel a ba\u00f1o mar\u00eda que agrego a una botella de grapa y me cebo unas mates con este menjunje, que me calienta el cuerpo por dentro&#8221;, explica.<\/p>\n<p>El \u00fanico habitante de las ruinas de Epecu\u00e9n El \u00fanico habitante de las ruinas de Epecu\u00e9n Cr\u00e9dito: Gabriel Ruberttone<br \/>\nA pocos metros de las ruinas, Pablo vive con su farol, que enciende al caer el sol. Un viejo celular que sus hijos le han obligado a tener es la conexi\u00f3n con un mundo al que le ha dado la espalda.<\/p>\n<p>En una de las tantas sequ\u00edas que enfrent\u00f3 el lago Epecu\u00e9n, a fines de la d\u00e9cada del 30, los hoteleros, desesperados porque el agua se retiraba de la costa, llamaron a Juan Baigorri Velar, considerado &#8220;el Mago de la lluvia&#8221;, un entrerriano hab\u00eda inventado una m\u00e1quina que provocaba tormentas.<\/p>\n<p>&#8220;Juntaron 5000 pesos para traerlo, yo le ayud\u00e9 a bajar sus aparatos, que instal\u00f3 en la terraza de un castillo (hoy en ruinas y bajo el agua). a los pocos d\u00edas se arm\u00f3 un celaje y cay\u00f3 un vendaval, que hizo desbordar el lago&#8221;. Baigorri Velar luego hizo llover en La Pampa, en Caucete (San Juan) y su fama transcendi\u00f3 hasta los Estados Unidos, para luego morir en la pobreza y el anonimato. &#8220;No dejaba que nadie tocara su invento, que era como una valija llena de antenas&#8221;, recuerda Pablo.<\/p>\n<p>Ya no vienen, como antes, veraneantes de todas partes del pa\u00eds a ba\u00f1arse a las aguas milagrosas del Lago Epecu\u00e9n, que era un lugar sagrado para los indios que habitaban esta regi\u00f3n. Las ruinas blanquecinas generan una vibraci\u00f3n que se siente en el aire, las voces de aquellos que habitaron esta Villa se trasladan por el viento pampeano, creando una composici\u00f3n on\u00edrica. La soledad aqu\u00ed hizo detener el tiempo. &#8220;Nunca sent\u00ed tristeza, hay gente que se abraza a las paredes y llora, yo disfrut\u00e9 mi vida y no me quiero ir de ac\u00e1. Mis hijas me dieron plazo hasta los 70, para irme. Ahora ya no me molestan m\u00e1s. Mientras pueda caminar y contar la historia que yo viv\u00ed, ac\u00e1 me quedo en mi ranchito&#8221;, desaf\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>El periodista e investigador Leandro Vesco realiz\u00f3 una extensa nota sobre don Pablo Novack el \u00faltimo habitante de Epecu\u00e9n. La misma ha sido una de las m\u00e1s le\u00eddas ayer en el prestigioso diario La Naci\u00f3n. A continuaci\u00f3n reproducimos el trabajo period\u00edstico: Especial para La Naci\u00f3n por: Leandro Vesco Foto Cr\u00e9dito: Gabriel Ruberttone Pablo Novak vive de ausencias. El mundo y la vida que \u00e9l conoci\u00f3, desaparecieron. Es un sobreviviente del tsunami pampeano que sufri\u00f3 el sistema de Lagunas Encadenadas del Oeste en los ochenta, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. 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