{"id":20355,"date":"2020-09-12T15:32:35","date_gmt":"2020-09-12T18:32:35","guid":{"rendered":"http:\/\/dsrmedios.com.ar\/diario\/?p=20355"},"modified":"2020-09-12T15:34:11","modified_gmt":"2020-09-12T18:34:11","slug":"20355","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/dsrmedios.com.ar\/diario\/archivos\/20355","title":{"rendered":"Aar\u00f3n el \u00faltimo h\u00e9roe de mi semana m\u00e1gica"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Aar\u00f3n es el \u00faltimo h\u00e9roe de este peque\u00f1o cuento que describe mi semana m\u00e1gica&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este relato comienza en la madrugada del martes 8 D\u00eda de la Celebraci\u00f3n de la Patrona de nuestra ciudad. Una descompensaci\u00f3n muy grave de mi salud, me puso al borde de la muerte de forma intempestiva en horas de esa madrugada y por esas cosas que tiene el destino, ante mi imposibilidad de lograr una comunicaci\u00f3n con emergencias, aprieto en mi celular un rediscado al \u00faltimo n\u00famero que me hab\u00eda llamado al final del programa radial la noche anterior. <\/p>\n\n\n\n<p>Aparece entonces el primer h\u00e9roe de este cuento, Ricardo, uno de los oyentes de todas las noches, que sin dudarlo acudi\u00f3 en mi ayuda y trajo consigo a la segunda tanda de h\u00e9roes de mi semana m\u00e1gica, los param\u00e9dicos que me trasladaron a la guardia del Hospital San Mart\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo de aparici\u00f3n de un enjambre de nuevos h\u00e9roes que sin dudarlo hicieron todo lo que estuviera a su alcance para salvar mi vida&#8230; estabilizarme un poco y conducirme a manos de un nuevo grupo de h\u00e9roes que sacaron adelante mi cuadro y me condujeron a recuperar el aliento y la alegr\u00eda de saberme vivo, sano y salvo.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese camino corto pero intenso de tres d\u00edas, pulularon alrededor de mi destino miles de h\u00e9roes m\u00e1s, que llamaban, se preocupaban, rezaban y anhelaban por mi bienestar.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo eslab\u00f3n de esa carrera por &#8220;volver&#8221; tuvo como protagonistas a m\u00e1s h\u00e9roes que me asistieron, alimentaron y cuidaron en silencio a toda hora d\u00eda y noche&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos h\u00e9roes no se preguntaron ni un instante si yo hab\u00eda sido irresponsable y temerario en no cuidar mi vida&#8230; ni cuestionaron que mis actos como hombre libre le cuestan a todo el resto de la sociedad importantes gastos, horas de mujeres y hombres y mucho esfuerzo. Simplemente actuaron todos como lo que son: <strong>HEROES<\/strong>, de carne y hueso, profesionales responsables de sus actos y por sobre todas las cosas&#8230; <strong>buenas personas,<\/strong> esas que alimentan cada d\u00eda mi orgullo de haber nacido y vivido en este pueblo que amo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi \u00faltimo h\u00e9roe fue Aar\u00f3n&#8230; 85 a\u00f1os, viudo, s\u00f3lo y acostado convalenciente en la cama de al lado, soportando estoicamente sus dolores, sonriente, amable y bastante sordo&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llegado de su Rivera natal y las pocas horas de esa noche que pasamos en vela los dos, me sirvieron para darme cuenta lo bella que es la vida&#8230; lo sabio que es Dios al colocarme en una habitaci\u00f3n con alguien que no sab\u00eda nada de mi, ni yo de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Permitirme as\u00ed observar la resignaci\u00f3n con la que Aar\u00f3n toma su destino, me lleno de admiraci\u00f3n hacia ese anciano que a pesar de haber luchado toda su vida&#8230; la sociedad que ayud\u00f3 a construir, lo deja s\u00f3lo en los peores momentos  la vejez y la enfermedad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pens\u00e9 durante toda esa \u00faltima noche en el hospital cu\u00e1nto le debemos a h\u00e9roes como Aar\u00f3n&#8230; <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras mi mente oscilaba entre la verguenza y la admiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Verg\u00fcenza de hacer tan poco para ayudar a los ancianos y admiraci\u00f3n hacia este hombre peque\u00f1ito y vibrante que aceptaba, con mirada resignada el dolor,  con respeto y educaci\u00f3n la situaci\u00f3n angustiante y de incomodidad de esas horas de hospital y con ternura esa soledad a la que lo sometieron los a\u00f1os&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero entonces a cada hora aparec\u00eda el cari\u00f1o de las hero\u00ednas de turno que ayudaban a este abuelo sin red y ese jarabe de esperanza me potenci\u00f3&#8230; <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;una lluvia de estrellitas suaves y bellas me hizo acordar por y para quienes estoy en este mundo&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porqu\u00e9 estoy vivo y tengo tanto para agradecer.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta semana m\u00e1gica va a quedar grabada en lo m\u00e1s profundo de mi coraz\u00f3n y perdurar\u00e1 para siempre cuando este cuerpo y esta mente vuelvan a ser aire&#8230;.<\/p>\n\n\n\n<p>DOMINGO SAN ROMAN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Aar\u00f3n es el \u00faltimo h\u00e9roe de este peque\u00f1o cuento que describe mi semana m\u00e1gica&#8230; Este relato comienza en la madrugada del martes 8 D\u00eda de la Celebraci\u00f3n de la Patrona de nuestra ciudad. 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